domingo, 27 de diciembre de 2009

Y algo mas sobre los poetas malditos.

Me fascina viajar anestesiado por Buenos Aires, en un taxi, o tal vez en Londres, o tal vez en Paris. Buenos Aires-Londres- Paris, ahí nacimos, ahí morimos. Soy un junkie con bohemia financiada. Si algo nos diferencia con el bello Dorian Gray es que a nosotros los excesos si nos han pasado factura, y el tiempo, por supuesto nuestro enemigo.
Somos el cuadro. Nos gustaría ceder ante el advenimiento de esas jovencitas hormonales con pantaloncito corto, de color negro o blanco, que proponen sacarnos unos diez años de encima. Hay casi como una militancia activa, una necesidad de no dejarse ser, una necesidad de recordar que solo fuimos destinados a pensar una única existencia ajena a la nuestra, y ese es nuestro destino, nuestra voluntad, nuestro fin. Es como en la película Cheri, donde por no haber comprendido que Lea era la única mujer que podría amar, una vez que se afianzo en su mente que era así, cargo su viejo revolver y disparo una bala en su cabeza. Desenlaces de película, aquí en cambio nos gusta creer en la vida. A pesar de la critica, siempre me senti como un joven soñador que no tenia fosforos para quemar la catedral.