sábado, 12 de enero de 2008

El banquete.

Los banquetes pueden ser una de las pocas cosas más interesantes que hay sobre la tierra. Perfecto, simulando una simetría entre los utensilios que hay para deglutir y beber, nos dan la pauta sobre la tendencia hacia la geometria que tenemos. Hay poco para comer, mucho para beber. Como si tuviésemos organismos de lata, me toca dar charla sobre mi interpretación filosófica de la caverna Platónica. Trato de hacer un juicio analítico del sentimiento, como una de las pocas verdades universales que hay, que no es más que no tomarme muy en serio a mi mismo. Un sinfín de frio invade mi alma, tal vez por el agua helada que bebo en un intento más de compensar la matemática de mi química interna. Intento convencer a ese auditorio gritón y embriagado, que las estadísticas del empirismo (un aplauso Rortiano) nos debería permitir generar un velo de apariencias sobre verdaderas universales que necesitamos; una suerte de llamado a nuestra incapacidad y posterior aceptación-solución de tal. Si nada puede llenar el vacío que ante la falta de rumbo sentimos, lo único que nos queda por decir es: dale dale! Tratemos se salvar vuestras almas, que ya suficientemente han sido castigas, los tragos de invierno ya se han consumido.

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